CARTA ENCÍCLICA, SUMMI PONTIFICATUS
DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR, PAPA PÍO XII POR LA DIVINA PROVIDENCIA A LOS VENERABLES HERMANOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEMÁS ORDINARIOS LOCALES EN PAZ Y EN COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA
Porque, con demasiada frecuencia, el corazón del vencedor se
endurece, y la moderación y la prudencia sagaz y previsora se le antojan
enfermiza debilidad de ánimo. Y, además, la excitación de las pasiones
populares, exacerbadas por los innumerables y enormes sacrificios y
sufrimientos soportados, muchas veces parece anublar la vista de los hombres
responsables de las determinaciones, y les hace cerrar sus oídos a la
amonestadora voz de la equidad humana que parece vencida o extinguida por el
inhumano clamor de ¡Ay de los vencidos! Por este motivo, si en tales
circunstancias se adoptan resoluciones y se toman decisiones judiciales sobre
las cuestiones planteadas, puede suceder que auténticos hechos injustos tengan
la mera apariencia de una externa justicia.

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