EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POST-SINODAL RECONCILIATIO ET PAENITENTIA
DE JUAN PABLO II AL EPISCOPADO AL CLERO Y A LOS FIELES
SOBRE LA RECONCILIACIÓN Y LA PENITENCIA EN LA
MISIÓN DE LA IGLESIA HOY
6. Pero la parábola pone en escena también al hermano mayor que rechaza
su puesto en el banquete. Este reprocha al hermano más joven sus descarríos y
al padre la acogida dispensada al hijo pródigo mientras que a él, sobrio y
trabajador, fiel al padre y a la casa, nunca se le ha permitido —dice— celebrar
una fiesta con los amigos. Señal de que no ha entendido la bondad del padre.
Hasta que este hermano, demasiado seguro de sí mismo y de sus propios méritos,
celoso y displicente, lleno de amargura y de rabia, no se convierta y no se
reconcilie con el padre y con el hermano, el banquete no será aún en plenitud
la fiesta del encuentro y del hallazgo.
El hombre —todo hombre— es también este hermano mayor. El egoísmo lo
hace ser celoso, le endurece el corazón, lo ciega y lo hace cerrarse a los
demás y a Dios. La benignidad y la misericordia del Padre lo irritan y lo
enojan; la felicidad por el hermano hallado tiene para él un sabor amargo[21].
También bajo este aspecto él tiene necesidad de convertirse para reconciliarse.

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