Papa Juan Pablo II, Evangelium vitae

 

(Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 1995), no. 101. Extracto de Evangelium vitae © 1995, Libreria Editrice Vaticana. 

Pero Dios responde con un mensaje de esperanza. Recibimos la seguridad de que el Señor “no fallará”. Y que “el justo vivirá por su fe”. Aunque Dios no promete responder a nuestras oraciones en el momento en que lo deseemos o según nuestros planes, sabemos Primera lectura: Habacuc 1:2-3; 2:2-4 Salmo responsorial: Salmo 94:1-2, 6-7, 8-9 Segunda lectura: 2 Timoteo 1:6-8, 13-14 Aclamación del Evangelio: 1 Pedro 1:25 Evangelio: Lucas 17:5-10 que él no nos abandona. Si bien el sufrimiento es de hecho parte de nuestra vida terrenal, nuestro destino es compartir la vida eterna con Cristo. Salmo responsorial: Salmo 94:1-2, 6-7, 8-9 En su encíclica Evangelium vitae, el papa san Juan Pablo II escribió que “el Evangelio de la vida no es exclusivamente para los creyentes: es para todos”. 1 Aunque la fe nos permite comprender más profundamente el valor sagrado de la vida humana, la luz de la razón dota naturalmente a la conciencia humana con la capacidad de reconocer la dignidad de todas y cada una de las personas. El salmista escribe: “Hagámosle caso al Señor, que nos dice: ‘No endurezcan su corazón’”. Parece que muchos en nuestro mundo ciertamente han endurecido su corazón a la verdad. No pueden ver la humanidad del niño que crece en el vientre de su madre. Creen incorrectamente que el valor de una persona está determinado por sus habilidades. No comprenden que el valor de una persona no depende de su edad o circunstancia. Y tal vez, si somos honestos con nosotros mismos, hemos permitido que nuestro propio corazón se endurezca ante los ataques a la vida humana. Tal vez hemos permitido que el dolor de la pérdida entumezca nuestro corazón. En un mundo que parece haber perdido de vista el valor de la vida humana, debemos orar para que aquellos cuyo corazón se ha endurecido escuchen la voz de Dios y vean la dignidad invaluable de cada persona que conozcan. Debemos orar para que nuestro propio corazón sea atravesado por el sufrimiento de los más vulnerables entre nosotros.

 http://dioscg.org/wp-content/uploads/PastoralAidOct6-12Spanish.pdf

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